LA LECCIÓN POLÍTICA DEL URUGUAY Escribe: Pascual Albanese


Con la presencia de los altos mandos militares y antiguos jefes guerrilleros, Tabaré Vázquez Vázquez presidió en Montevideo, frente al monumento a Artigas, una ceremonia por la “reconciliación nacional”.

El presidente uruguayo Tabaré Vázquez encabezó el martes 19 de junio pasado, aniversario del nacimiento del prócer oriental José Gervasio Artigas, una ceremonia puesta bajo el lema del “Nunca más uruguayos contra uruguayos” y orientada a consolidar la “reconciliación nacional” y dejar definitivamente atrás “el terrorismo de Estado” y “el enfrentamiento entre uruguayos”.

La presencia conjunta de los comandantes de las Fuerzas Armadas y de dirigentes históricos de “Tupamaros”, como el senador del Frente Amplio Eleuterio Fernández Huidobro (ex lugarteniente del jefe guerrillero Raúl Sendic y trece años preso por ese motivo) y el actual Ministro de Ganadería, José Mujica, otorgaron a la ceremonia un nítido carácter histórico.

Vázquez saludó cordialmente a Pedro Bordaberry, hijo de Juan María Bordaberry, actualmente bajo arresto domiciliario, ex presidente civil que en 1973 disolvió el Parlamento y protagonizó el autogolpe de estado que inauguró el único régimen militar de la historia uruguaya, imperante hasta 1985. También asistió al acto la viuda del ex presidente colorado Jorge Pacheco Areco (antecesor de Bodaberry), que durante su mandato constitucional, entre 1977 y 1972, inició la lucha contra la guerrilla. Cerca del hijo de Bordaberry, estaba el senador Rafael Michelini, hijo del dirigente del Partido Colorado Zelmar Michelini, asesinado en Buenos Aires en mayo de 1974. También se encontraba Jorge Vázquez, hermano del presidente, actual Prosecretario General de la Presidencia y antiguo militante de la Organización Popular Revolucionaria, otra organización guerrillera de la década del 70.

La iniciativa de Vázquez generó una fuerte discusión en la izquierda y las organizaciones de defensa de los derechos humanos, que arguyen que en Uruguay no hubo un “enfrentamiento entre hermanos” sino, simplemente, “terrorismo de Estado”. También hubo cierta reticencia en algunos sectores civiles y militares, que niegan la calificación de “terrorismo de Estado” para la lucha anti-guerrillera de aquellos años.

En su mensaje de convocatoria al acto, Vázquez fue categórico al afirmar que la “historia nunca es blanco y negro”. En relación a las críticas de derecha e izquierda, respondió que “no somos víctimas del agnosticismo cívico ni de la rebeldía de mampostería”. Y subrayó que “el pasado no nos ata y el futuro no nos espanta”.

Si bien el Partido Comunista, que no participó de la lucha armada y que, a diferencia de guerrilleros y militares, no tiene víctimas ni mártires propios que recordar, anunció su oposición a la ceremonia, asistió la Ministra de Defensa, Azucena Berruti, destacada dirigente partidaria, cuya presencia fue recibida con cálidos aplausos por la concurrencia. También participó la viuda del general Liber Seregni, fundador del Frente Amplio, coalición de izquierda que con la victoria de Vázquez rompió con 150 años de alternancia bipartidista en el sistema constitucional uruguaya.

La visión integradora de Vázquez dista de ser un hecho aislado. Mujica, quien señaló que asistía a la ceremonia “con la convicción de un viejo combatiente que sabe que los pueblos pueden tropezar varias veces con la misma piedra”, fue todavía mucho más allá cuando dijo: “estoy profundamente arrepentido de haber tomado las armas con poco oficio y no haberle ahorrado una dictadura al Uruguay”, en referencia a los doce años de gobierno “de facto”. Por su parte, Jorge Larrañaga, el candidato del Partido Blanco que salió segundo en las pasadas elecciones presidenciales, señaló que no tenía que justificar su
presencia, porque “no podemos seguir presos del pasado”. Subrayó que su partido “siempre estuvo a favor de la reconciliación nacional”. Bordaberry (h), que lidera una corriente interna del Partido Colorado y aspira a la candidatura presidencial para las elecciones de 2009, afirmó que “es un buen intento del Presidente decirle nunca más a la vioencia, no sólo del estado sinoa la de los 60, 70 y 80”.

No hace falta profundizar el análisis para contrastar la actitud de Vázquez, el primer presidente socialista de la historia uruguaya, con la estrategia de confrontación permanente implementada desde hace cuatro años por el gobierno de Néstor Kirchner.